JARDÍN DE LIBROS

LIteratura Peruana y Mundial


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Casa de la Literatura Peruana: 5 siglos de identidades en 47 lenguas

Desde el Inca Garcilaso hasta el nobel Mario Vargas Llosa, las letras peruanas abarcan casi cinco siglos de producción que la exposición “Intensidad y altura de la literatura peruana” recoge en torno a la identidad y la diversidad cultural de un territorio donde se habla y escribe en 47 lenguas.

Se trata de la segunda muestra permanente en la historia de la Casa de la Literatura Peruana que se inauguró el viernes 251 con un título que alude al poema “Intensidad y altura” de César Vallejo, el poeta peruano más célebre y reconocido, recordó a Efe la curadora de la exposición, Diana Amaya.

En las dependencias de la antigua estación de tren de Desamparados de Lima, la exposición reordena miles de páginas y obras desde 1532 al 2000 en torno a cuatro temas centrales, denominados nudos o “quipus”, en referencia a los cordeles anudados que los antiguos peruanos utilizaban con fines mnemotécnicos.

“Es una exposición que revalúa y propone nuevas miradas a laliteratura peruana. La mirada lineal y cronológica no permitía enfocarse en ciertos matices para entender algunas obras. Preferimos centrarnos en nudos temáticos en los que confluyeran distintas épocas y desataran ideas”, explicó Amaya.

En esos nudos están los autores peruanos más trascendentales como Mario Vargas Llosa, César Vallejo, Alfredo Bryce Echenique, Julio Ramón Ribeyro, Sebastián Salazar Bondy, Garcilaso de la Vega, José Carlos Mariátegui, Ciro Alegría, César Moro, Martín Adán, José María Eguren, Blanca Varela y Carlos Germán Belli, entre otros.

El principal nudo de la muestra es “Urdimbres y sutilezas”, que refleja el constante intercambio de las identidades peruanas y ensalza la figura del autor indigenista José María Arguedas, nacido en la región andina de Apurímac, como precursor de una identidad plural que reflejó en una de sus obras más importantes: “Todas las sangres”.

“Y el Perú, ¿qué? Todas las naturalezas del mundo en su territorio, casi todas las clases de hombres”, escribió Arguedas en su “Último diario”, reflexión que ocupa el centro de un gran mural del artista Josué Sánchez, atractivo para los visitantes por su colorido y multitud de pequeños detalles.

Esa diversidad de cosmovisiones queda plasmada en una particular torre de Babel peruana que recoge los 47 idiomas que se hablan en Perú, como el castellano, quechua, aimara, asháninka, bora, shawi, harakmbut, achuar, awajún, shipibo-konibo y kakataibo, entre otros.

Al ingresar a ese espacio se escucha fragmentos literarios en esas lenguas, como una décima declamada por el músico afroperuano Nicómedes Santa Cruz.

Antes de la irrupción de Arguedas, la sección “Des-encuentros” aborda el debate de identidad que provocó la conquista 2española y que conllevó el paso de la tradición oral a la escritura para las culturas prehispánicas.

“Ese es el trasfondo de la exposición: buscar cómo nuestra literatura ha desarrollado distintas formas de relacionarnos y de construir identidades a través de distintos temas, pero reforzando y construyendo una visión particular de nuestra cultura y sociedad”, añadió Amaya.

La tercera etapa de la muestra se centra en la ciudad y especialmente en Lima, donde autores como Vargas Llosa, Ribeyro y Bryce Echenique “se preocupan por encontrar en la urbe una fuente de personajes, situaciones y contextos para narrar y desatar sentido sobre la metrópoli”, según la curadora.

La última sección está dedicada a la poesía bajo el nombre de “El poema es mi cuerpo” con una selección de obras de los poetas más destacados, entre ellos Vallejo, en su preocupación por explorar el lenguaje poético y la noción de cuerpo como un elemento mediante el que construir subjetividad.

“Nuestro objetivo es que los visitantes, la mayoría escolares, puedan observar ese dinamismo de nuestra literatura. Ver cómo un tema o una preocupación puede persistir por varios siglos y en distintos géneros literarios”, concluyó Amaya.


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Cuando Borges habló de Cortázar y Cortázar de Borges

Cortazar-BorgesJorge Luis Borges y Julio Cortázar son dos de los escritores argentinos más universales. Ambos queridos y admirados por muchos lectores. ¿Pero qué opinaba uno del otro? ¿Había acaso una secreta admiración del más joven al mayor que luego se resquebrajó por cuestiones políticas? ¿Es cierto que Borges le publicó a Cortázar su primer cuento en letras de molde? A continuación una recopilación de textos que dan cuenta de la relación entre ambos.

BORGES HABLA DE CORTÁZAR

Tomado del libro Fernando Sorrentino; Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, Buenos Aires, El Ateneo, 1996, págs. 103-105

F.S.: ¿Le agradaban los cuentos fantásticos de Julio Cortázar?

J.L.B.: Sí, me agradaban, y ocurrió un pequeño episodio. ¿Se lo he contado ya?

F.S.: No.

J.L.B.: Yo me encontré con Cortázar en París, en casa de Néstor Ibarra. Él me dijo: “¿Usted se acuerda de lo que nos pasó aquella tarde en la diagonal Norte?”. “No”, le dije yo. Entonces él me dijo: “Yo le llevé a usted un manuscrito. Usted me dijo que volviera al cabo de una semana, y que usted me diría lo que pensaba del manuscrito”. Yo dirigía entonces una revista, Los Anales de Buenos Aires (una revista ahora indebidamente olvidada), que pertenecía a la señora Sara de Ortiz Basualdo, y él me llevó un cuento, “Casa tomada”; al cabo de una semana volvió. Me pidió mi opinión, y yo le dije: “En lugar de darle mi opinión, voy a decirle dos cosas: una, que el cuento está en la imprenta, y dentro de unos días tendremos las pruebas; y otra, que ya le he encargado las ilustraciones a mi hermana Norah”. Pero, en esa ocasión, en París, Cortázar me dijo: “Lo que yo quería recordarle también es que ése fue el primer texto que yo publiqué en mi patria cuando nadie me conocía”. Y yo me sentí muy orgulloso de haber sido el primero que publicó un texto de Julio Cortázar. Y luego nos vimos un par de veces en la UNESCO, donde él trabaja. Él está casado -o estaba casado- con la hermana de un querido amigo mío, Francisco Luis Bernárdez. Bueno, como le decía, nos vimos creo que dos o tres veces en la vida, y, desde entonces, él está en París, yo estoy en Buenos Aires; creo que profesamos credos políticos bastante distintos: pero pienso que, al fin y al cabo, las opiniones son lo más superficial que hay en alguien; y además a mí los cuentos fantásticos de Cortázar me gustan.

Prólogo a Cuentos de Julio Cortázar escrito por Jorge Luis Borges

Hacia mil novecientos cuarenta y tantos, yo era secretario de redacción de una revista literaria, más o menos secreta. Una tarde, una tarde como las otras, un muchacho muy alto, cuyos rasgos no puedo recobrar, me trajo un cuento manuscrito. Le dije que volviera a los diez días y que le daría mi parecer. Volvió a la semana. Le dije que su cuento me gustaba y que Casa_Tomadaya había sido entregado a la imprenta. Poco después, Julio Cortázar leyó en letras de molde Casa Tomada con dos ilustraciones a lápiz de Norah Borges. Pasaron los años y me confió una noche, en París, que ésa había sido su primera publicación. Me honra haber sido su instrumento.

El tema de aquel cuento es la ocupación gradual de una casa por una invisible presencia. En ulteriores piezas Julio Cortázar lo retomaría de un modo más indirecto y por ende más eficaz.

Cuando Dante Gabriel Rossetti leyó la novela Cumbres Borrascosas le escribió a un amigo: “La acción transcurre en el infierno, pero los lugares, no sé por qué, tienen nombres ingleses.” Algo análogo pasa con la obra de Cortázar. Los personajes de la fábula son deliberadamente triviales. Los rige una rutina de casuales amores y de casuales discordias. Se mueven entre cosas triviales: marcas de cigarrillo, vidrieras, mostradores, whisky, farmacias, aeropuertos y andenes. Se resignan a los periódicos y a la radio. La topografía corresponde a Buenos Aires o a París y podemos creer al principio que se trata de meras crónicas. Poco a poco sentimos que no es así. Muy sutilmente el narrador nos ha atraído a su terrible mundo, en que la dicha es imposible. Es un mundo poroso, en el que se entretejen los seres; la conciencia de un hombre puede entrar en la de un animal o la de un animal en un hombre. También se juega con la materia de la que estamos hechos, el tiempo. En algunos relatos fluyen y se confunden dos series temporales.

El estilo no parece cuidado, pero cada palabra ha sido elegida. Nadie puede contar el argumento de un texto de Cortázar; cada texto consta de determinadas palabras en un determinado orden. Si tratamos de resumirlo verificamos que algo precioso se ha perdido.

Prólogo a “Cartas de mamá”, por Jorge Luis Borges

Hacia 1947 yo era secretario de redacción de una revista casi secreta que dirigía la señora Sarah de Ortiz Basualdo. Una tarde, nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito. No recuerdo su cara; la ceguera es cómplice del olvido. Me dijo que traía un cuento fantástico y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo señalado, volvió. Le dije que tenía dos noticias. Una, que el manuscrito estaba en la imprenta; otra, que lo ilustraría mi hermana Norah, a quien le había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula “Casa Tomada”. Años después, en París, Julio Cortázar me recordó ese antiguo episodio y me confió que era la primera vez que veía un texto suyo en letras de molde. Esa circunstancia me honra.

Muy poco sé de las letras contemporáneas. Creo que podemos conocer el pasado, siquiera de un modo simbólico, y que podemos imaginar el futuro, según el temor o la fe; en el presente hay demasiadas cosas para que nos sea dado descifrarlas. El porvenir sabrá lo que hoy no sabemos y cursará las páginas que merecen ser releídas. Schopenhauer aconsejaba que, para no exponernos al azar; sólo leyéramos los libros que ya hubieran cumplido cien años. No siempre he sido fiel a ese cauteloso dictamen; he leído con singular agrado Las armas secretas de Julio Cortázar y sus cuentos, como aquel que publiqué en la década del cuarenta, me han parecido magníficos. “Cartas de mamá”, el primero del volumen, me ha impresionado hondamente.

Una historia fantástica, según Wells, debe admitir un solo hecho fantástico para que la imaginación del lector la acepte fácilmente. Esta prudencia corresponde al escéptico siglo diecinueve, no al tiempo que soñó las cosmogonías o el Libro de las Mil y Una Noches. En “Cartas de Mamá” lo trivial, lo necesariamente trivial, está en el título, en el proceder de los personajes y en la mención continua de marcas de cigarrillos o de estaciones del subterráneo. El prodigio requiere esos pormenores.

Otro rasgo quiero indicar. Lo sobrenatural, en este admirable relato, no se declara, se insinúa, lo cual le da más fuerza, como en el “Izur” de Lugones. Queda la posibilidad de que todo sea una alucinación de la culpa. Alguien que parecía inofensivo vuelve atrozmente.

Julio Cortázar ha sido condenado, o aprobado, por sus opiniones políticas. Fuera de la ética, entiendo que las opiniones de un hombre suelen ser superficiales y efímeras.

CORTÁZAR HABLA DE BORGES

“… Borges pronunció una conferencia en Córdoba sobre literatura contemporánea en la América Latina. Habló de mí como un gran escritor, y agregó: ‘Desgraciadamente nunca podré tener una relación amistosa con él porque es comunista’. Cuando leí la noticia en los diarios, me alegré más que nunca del homenaje que le rendí en La vuelta al día… Porque yo, aunque él esté más que ciego ante la realidad del mundo, seguiré teniendo a distancia esa relación amistosa que consuela de tantas tristezas. Me temo que esa posición no sea entendida por los que cada vez pretenden más que el escritor sea como un ladrillo, con todas las aristas a la vista, el paralelepípedo macizo que sólo puede ajustarse a otro paralelepípedo. No sirvo para hacer paredes, me gustan más echadas abajo…”

De carta a Fernández Retamar del 20 de octubre de 1968

“…. En principio soy -y creo que lo soy cada vez más- muy severo, muy riguroso frente a las palabras. Lo he dicho, porque es una deuda que no me cansaré nunca de pagar, que eso se lo debo a Borges. Mis lecturas de los cuentos y de los ensayos de Borges, en la época en que publicó “El jardín de senderos que se bifurcan”, me mostraron un lenguaje del que yo no tenía idea (…) Lo primero que me sorprendió leyendo los cuentos de Borges fue una impresión de sequedad. Yo me preguntaba: ‘¿Qué pasa aquí? Esto está admirablemente dicho, pero parecería que más que una adición de cosas se b-ctrata de una continua sustracción’. Y efectivamente, me di cuenta de que Borges, si podía no poner ningún adjetivo y al mismo tiempo calificar lo que quería, lo iba a hacer. O, en todo caso, iba a poner un adjetivo, el único, pero no iba a caer en ese tipo de enumeración que lleva fácilmente al floripondio…”

De “Los cuentos: un juego mágico”, entrevista por Omar Prego Gadea; La fascinación de las palabras

“El humor de Bioy, por ejemplo, me gusta mucho porque, al igual que el humor de Borges, es de directa raíz anglosajona (…) Bioy y Borges, rechazando como rechacé yo eso que los españoles llaman humor y que no es nada más que el chiste macabro y, en general, de muy mala calidad, han sabido meterlo en la estructura mental y lingüística del español y darle una especie de derecho de ciudad que le quita, digamos, el fondo anglosajón y lo vuelve perfectamente argentino y latinoamericano. En ese sentido yo encuentro una gran afinidad de mi propio humor con el de Bioy y con el de Borges.”

De “Julio Cortázar, lector”; entrevista por Sara Castro-Klaren; 1976

“… en la actualidad, cada vez que se menciona a Borges inmediatamente la gente se divide en bandos perfectamente diferenciados… En América Latina, diría yo. En otros lugares se lo conoce como escritor; y lo que pasa en América Latina es que en estos últimos años, además de su trabajo como escritor, hemos conocido los puntos de vista geopolíticos de Borges. Esto ha creado con respecto a él un antagonismo manifiesto de parte de mucha gente que no puede aceptar cierto tipo de declaraciones hechas por alguien cuya palabra tiene tanta repercusión en el interior y en el extranjero. Yo personalmente no puedo aceptar que diga, por ejemplo, que el único defecto de Estados Unidos es haberle dado educación a los negros. Sin embargo, Jorge Luis Borges ha escrito algunos de los mejores cuentos de la historia universal de la literatura. El escribió también una Historia Universal de la Infamia.”

De “La vuelta a Julio Cortázar en 80 preguntas”, entrevista por Hugo Guerrero Marthineitz, 1973

“… La gran lección de Borges no fue una lección temática, ni de contenidos, ni de mecánicas. Fue una lección de escritura. La actitud de un hombre que, frente a cada frase, ha pensado cuidadosamente, no qué adjetivo ponía, sino qué adjetivo sacaba. Cayendo después en cierto exceso que era el de poner un único adjetivo de tal manera que usted se caiga un poco de espaldas. Lo que a veces puede ser un defecto.”

De “Cita 4″ en Revista La Maga, edición especial Homenaje a Cortázar, noviembre de 1994


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Presentan versión cómic de “Paco Yunque”

Editorial SM presenta “Paco Yunque. Tres lecturas”, una nueva reedición del clásico cuento de César Vallejo que contiene el relato original, la versión historieta de Juan Acevedo y las ilustraciones del español Carlos Giménez. La presentación será hoy lunes 21 de setiembre, a las 7 pm, en la galería Germán Krüger Espantoso, del Icpna de Miraflores (Av. Angamos Oeste 160). Ingreso libre.

En una entrega más de su colección Clásicos peruanos, la editorial SM presenta una nueva versión del cuento Paco Yunque, de César Vallejo. Paco Yunque. Tres lecturas –así se titula este libro- nos ofrece una versión cómic realizada por el historietista Juan Acevedo con ilustraciones del artista español Carlos Giménez.

Actualmente se le conoce como bullying, pero muchísimo antes de que existiera el término, la agresión verbal, física o psicológica se había manifestado en los colegios.Ese es el núcleo de esta historia que nos presenta César Vallejo.

El relato transcurre en una escuela de un pueblo peruano durante los primeros años del siglo XX. La historia inicia con el primer día de clases de Paco Yunque, hijo de una empleada doméstica que trabaja en la casa de Dorian Grieve, el gerente inglés de los ferrocarriles de la Peruvian Corporation y alcalde del pueblo. Precisamente, la razón por la que Paco iba a la escuela era para que acompañara en sus juegos y estudios a Humberto Grieve, el hijo de patrón, de la misma edad de Paco. Desde su llegada a la ciudad, Paco Yunque se enfrenta a la hostilidad de un lugar ajeno al campo y queda aturdido al ver tantos niños juntos haciendo mucho bullicio en su escuela; ademássufre el abuso de Humberto Grieve y la mayoría de sus compañeros.

El trasfondo social de esta historia, que muestra una realidad no del todo superada, ha hecho de este libro un clásico que continúa leyéndose en las escuelas.

PacoYunqueImagenComic


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Adormecer a los felices

El escritor peruano Diego Trelles estuvo de paso por Lima para presentar Adormecer a trelles-Noticia-19713los felices (Planeta, 2015) en la FIL Lima 2015. A continuación los dejamos con una entrevista que le hiciera Carlos M. Sotomayor para Letra Capital.

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

Diego Trelles Paz vive desde hace varios años fuera del Perú. Radica en París, Francia. Sin embargo, su lazo con el país nunca se ha cortado. Lo vemos en sus opiniones políticas, vía las redes sociales, y en su literatura también. Luego de su primer libro Hudson el redentor, sólo ha publicado novelas. No obstante nunca dejó de escribir cuentos. Una evidencia de esto es Adormecer a los felices (Planeta, 2015), conjunto de relatos que ha presentado en laFeria Internacional del Libro (FIL Lima 2015).

La ciudad luce más gris en esta época del año. El hall del Hotel Crowne nos cobija y nos guarece del frío invierno. Observo la portada del libro de Diego y me pregunto cómo así ha vuelto al género del cuento.

–Tuve la idea de hacer un conjunto de cuentos después de Bioy y en el proceso de escritura de esa novela–, me cuenta. –Ya había una idea que más o menos la he mantenido: la estructura que le he dado al libro. La mayoría de los cuentos son de esos cinco años. Mi primer libro es de relatos pero con forma de novela. Hudson el redentor se puede leer como novela y ahora la considero una novela hecha de fragmentos. Lo que quiero decir es que empecé escribiendo relatos breves. Antes de Hudson el redentor había un libro de relatos que nunca publiqué. Se llamaba El hastío. Luego pasé a la novela. Nunca dejé de escribir relatos, pero vuelvo al cuento en el formato de libro, digamos. No es una acumulación de relatos que tenía desperdigados, aunque sí varios de ellos han sido traducidos y publicados en varios países, Inglaterra, Estados Unidos, Francia, España, México, pero siempre con la idea de que eran parte de un libro. Yo trabajo los libros conceptualmente.

 –En este libro, como en los otros, el tema político y de violencia, está presente…

–En Bioy es el tema principal, pero en todos los libros la violencia está aludida o irrumpe u oblicuamente está presente. Los cuentos de la primera parte, no sólo la atmósfera enardecida de los relatos, sino también hay referencias directas. El cuento del pornógrafo alude a un profesor del protagonista que tiene nexos con la dictadura y cuando cae Fujimori lo llama vende patria… (risas). Está un poco ese cinismo tan de la política peruana. Pero lo político también está presente en los cuentos de la segunda parte, que suceden fuera del Perú, porque uno de los temas que está presente en casi todos los felicescuentos es el racismo.

–¿Por qué el racismo?

–Porque era un tema que me interesaba trabajar. No desde el lado moralizador, sino desde el lado de mostrar que es una tara social que ocurre no sólo en el Perú, sino en todas partes del mundo. Aunque particularmente en el Perú han ocurrido dos cosas: hay una consciencia ciudadana cada vez más grande de que el racismo es malo y debe ser detenido, y debe ser denunciado. Eso está muy bien. Y, al mismo tiempo, el racismo no se ha ido y podemos ver hechos que parecen de ciencia ficción; como que en una playa de Lima, por ejemplo, una cadena humana separe a la gente: la del pueblo y la oligarquía. Contaba eso en Francia y me decían que parecía algo irreal.

 –Llevas varios años fuera del Perú. ¿La distancia te ha permitido tener una mirada distinta?

–Sí. Casi todo lo que he escrito, salvo Hudson el redentor, lo escribí fuera del país. Estuve once años en Estados Unidos, un año en Francia, en Burdeos. Luego volví al Perú durante un año y medio, que fue cuando ocurrió lo deBioy. Y me fui nuevamente. Lo había determinado así. Y siempre sentí que la distancia me daba una perspectiva que aquí no encontraba porque me sentía demasiado inmerso en todo. La distancia a mí, ojo, a mí, no estoy criticando a los que viven acá, a mí me sirve la distancia. Y al mismo tiempo, no rompo con el Perú. Me encantaría hacerlo a veces. Te lo digo por salud. Me interesa mucho como ciudadano la realidad política del país. Me interesa y me preocupa. Eso lo ves en mis ficciones. No con un ánimo pontificador, moralizante o doctrinario. Vas a ver su presencia. Y como ciudadano, como alguien que escribe columnas de opinión, soy directo. Porque de alguna manera siempre he admirado a esos escritores en el pasado que tenían una presencia no sólo en su obra sino también en sus opiniones que incidían en la realidad. Tenían un espacio y eran escuchados. Eso un poco se ha perdido.

–Otra constante en tu literatura es la presencia de personajes que son escritores o ligados al arte, de una u otra manera.

–Sí, de alguna manera. Y en estos cuentos la literatura y el arte están presentes pero como un factor más que de bonanza de desgracia. Es decir, muchos de los cuentos tienen personajes distintos: un pornógrafo, un tablista, un cuidador de museos, escritores, una chica que se va a vivir a Cajamarca. Y en todos ellos cae, o incide, o aparece, esta relación inesperada con la literatura que rompe su cotidianidad y todo se desgracia. Es difícil asumir que eres escritor. No es un oficio fácil. No vivo de los libros, por ejemplo. Me cuesta mucho escribir, cada vez tengo menos tiempo. Pero al mismo tiempo enfrentar esos demonios no es fácil, genera un estado de permanente cuestionamiento. Estos personajes no se trellescuestionan la vida hasta que algo los aplasta y los pone contra las cuerdas. El título alude a eso, estos felices adormecidos que no se hacen preguntas. Las preguntas que me hago yo, por ejemplo, sobre la fe religiosa, sobre la muerte, sobre la política, sobre por qué las cosas son de una u otra manera.

–Otro aspecto interesante de tu obra es que está conectada. Hay personajes que aparecen y reaparecen en varios libros…

–Sí, eso siempre me ha gustado porque los escritores que me gustaban lo hacían. Los vasos comunicantes, la intertextualidad, el diálogo intra e intertextual. Lo hacía Onetti, Faulkner. Lo que no hice nunca es crear un pueblo. Nunca he tenido mi Santa María y no la voy a tener. Cada uno asume sus influencias de una manera. Para mí hay un personaje capital que es el chato, aparece en todos mis libros menos en Bioy. Aparece en la nueva. Y hay lugares también. El bar del chino Tito está en todos y alude al Queirolo de Lima.


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La vida vista a través de los libros

Presentamos un comentario de Gabriel Ruiz Ortega acerca de la novela La imaginación del imaginacionpadre (Lolita Editores, 2014), del escritor chileno Luis López-Aliaga, una obra en la que el autor hace uso de la autorreferencialidad, pero su libro es ante todo la biografía de un lector.

Por Gabriel Ruiz Ortega

Lo bueno de las ferias de libros, al menos para mí, es que puedes acceder a textos de autores extranjeros publicados por editoriales independientes de sus países. De los muchos libros que recibí, hubo varios que me gustaron, siendo uno de ellos La imaginación del padre (Lolita Editores, 2014) del escritor chileno Luis López-Aliaga.

No quiero caer en discusiones demagógicas sobre el creciente interés de los narradores latinoamericanos actuales en apostar por el registro personal del “yo”, ni mucho menos en encontrar la validez literaria que podemos en encontrar en la figura del padre como tópico. Pienso que los libros se justifican solos sin necesidad de ampararse en registros y temas en boga. Este es el caso de la publicación de López-Aliaga, que no deberíamos encausarla en alguna nueva tendencia (o una por inventar), puesto que el libro se defiende solo como literatura, literatura de buena calidad. Así de simple.

Es cierto, el autor hace uso de su referencialidad, pero esta se centra, como en realidad debe ubicarse toda narración desde el yo, en los detalles que sí nos pueden decir algo, en lo que el autor se siente no solo seguro, sino también fuerte. En este sentido, nos enfrentamos a la biografía como lector de López-Aliaga, biografía guiada por el peso del pasado familiar, puesto que su homónimo abuelo fue un exiliado peruano en Chile, uno de los fundadores del APRA y muy amigo de Luis Alberto Sánchez. La figura paterna no es dejada de lado, aunque al respecto resulta poco condescendiente, siendo este punto el que nutre de nervio a la voz narrativa del autor, nervio que nos permite encontrar en estas páginas la Verdad (ajá, en mayúscula).

Podríamos estar ante un posible ajuste de cuentas. En parte, sí, pero este ajuste no apela al efectismo del trauma, más bien, marca distancia del recuento de los malos recuerdos, aquellos capaces de taladrarte en lo inefable, sino que opta por una mirada superada que encuentra su justificación en la exposición de lo que debería exponer y la salvación del autor precisamente en la lectura. Desde niño el narrador protagonista se revela como un precoz lector. En otras palabras, y hurtando, solo una parte, revisitamos la máxima de Truffaut: López-Aliaga prefirió ver la vida por medio de los libros.

lopezNo son gratuitas las referencias hacia escritores peruanos como Luis Loayza, José Watanabe, Vargas Llosa, Bryce y Salazar Bondy. En cada uno de ellos, y en matices, encontramos una característica con López-Aliaga: el desarraigo interior. Es pues la mirada incompleta de la vida lo que permite al autor indagar en el pasado familiar desde el abuelo, recorriendo los mismos lugares que este recorrió en Perú, comprometiéndose con un contexto por demás ajeno, y estrechando lazos, a saber: su breve encuentro con su primo Santiago Roncagliolo.

Sé que un libro como este podría despertar más de una especulación en cuanto al género en el que debe inscribirse. En lo personal, no soy partícipe de estas taxonomías, aunque si me permitiera abrigar una, hablaría de un híbrido. Suele decirse que basta una gota de ficción para teñir todo un texto de ficción. En esta oportunidad, reniego de ese dicho y prefiero ver el libro como uno de no ficción, cosa que aún sigo con la resonancia de Verdad que me ha deparado su lectura.

Otra impresión que me ha dejado La imaginación del padre es que reafirma, y para variar una vez más, el gran momento de la narrativa chilena actual. En estos últimos años, ya sea por intereses literarios, o por apego emocional a Santiago, he tenido la oportunidad de leer novelas y cuentarios de autores chilenos. En alguna ocasión presenté una muy buena novela chilena y por esas cosas de la vida recibo no pocos libros del sur. Pues bien, en estas lecturas he encontrado un nivel de calidad que sustenta una realidad narrativa a la que haríamos bien en frecuentar, yendo a lo seguro con autores como Rodrigo Olavarría, Claudia Apablaza, Antonio Díaz Oliva, Romina Reyes, Pablo Toro, Diego Zúñiga, Francisco Díaz Klaassen, Constanza Gutiérrez, Matías Correa, Juan Pablo Roncone, Felipe Becerra, Simón Soto, Daniel Hidalgo, Maori Pérez y Esteban Catalán.


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Enrique Vila-Matas: el club de los escritores rechazados

Reciente ganador del Premio Feria del Libro de Guadalajara en reconocimiento de su obra, el vilaescritor español Enrique Vila-Matas es un autor que goza de la admiración de muchos lectores. A contracorriente del buen momento que vive él, compartimos este texto donde el narrador reflexiona sobre la actitud frente al rechazo editorial.

Por Enrique Vila-Matas

¿Es usted escritor o ha intentado serlo? Tanto si lo es como si ha querido serlo, usted ha tenido que conocer en algún momento de su vida el rechazo. Es posible que alguien desde alguna editorial le haya escrito alguna vez una carta donde muy educadamente le han dicho: “Estimado señor, nos ha causado una agradable impresión su manuscrito, pero…”

El rechazo es una amarga realidad de la profesión de escritor. A mí, en cierta ocasión, me devolvieron uno de mis primeros manuscritos con las mejores metáforas de mi novela tachadas con un rotulador y devueltas meticulosamente cambiadas, convertidas en las metáforas que proponía el anónimo responsable del informe de lectura.Un rechazo así no se olvida. Cada día hay cientos de personas deprimidas porque les han devuelto un manuscrito. Y eso que hay mil tácticas para intentar remontar el efecto rechazo. Una de ellas consiste en repasar las más famosas injusticias en esta materia. El famoso rechazo de André Gide al manuscrito de En busca del tiempo perdidode Marcel Proust, por ejemplo. O bien recordando que Dublineses de Joyce fuerechazado por veintidós editoriales. O pensando en la breve carta de rechazo que recibió Oscar Wilde por El abanico de Lady Windermere: “Mi estimado señor, he leído su manuscrito. Ay, mi estimado señor”.

joyceEl rechazo editorial ha creado la carta estándar de negativa, todo un género nuevo. No todas esas cartas estándar que circulan por ahí son educadas. Tengo noticia de algunas cartas de rechazo absolutamente maliciosas. Cuenta el joven escritor canadiense Kevin Chong (experto él mismo en recibir cartas de rechazo) que a veces puede lograrse una negativa malvada sin una sola palabra, y cita el caso de una amiga suya que envió un poema a la revista The New Yorker y éste le fue devuelto roto en pedazos, hecho trizas. En un reciente viaje al país de sus antepasados, el propio Chong encontró a un amigo desolado por la carta de rechazo que le habían enviado de una revista china de economía: “Hemos leído con indescriptible entusiasmo su manuscrito. Si lo publicamos, será imposible para nosotros publicar cualquier trabajo de menor nivel. Y como es impensable que en los próximos mil años veamos algo que supere al suyo, nos vemos obligados, para nuestra desgracia, a devolverle su divina composición, y a rogarle mil veces que pase por alto nuestra miopía y timidez”.

Muchos escritores rechazados creen que los que publican libros viven felices lejos del rechazo. Y, sin embargo, no es así, pues no hay un solo escritor reconocido que no sea cosido a rechazos a lo largo de su carrera. Son rechazos distintos a los de la carta educada o malvada, pero son también rechazos duros. Y es que por lo general un escritor serio no se cierra nunca puertas, aspira a gustar a todo el mundo, al mundo entero. Por lo tanto, cualquiera de sus éxitos parciales lo vive como algo muy relativo. Pero, en cambio, cualquier mínimo rechazo a su obra lo ve como una gran afrenta, un rechazo a la totalidad. Sólo así se explica entonces la desesperación y el llanto desconsolado, por ejemplo, de Pier Paolo Pasolini por una crítica negativa en la hoja parroquial de un pueblo italiano de mala muerte. Y es que una crítica en contra (aunque el crítico sea un famoso idiota), ese premio insignificante pero que sin embargo no le han dado, ese suplemento cultural en el que no le nombran y encima dedican tres páginas a un mamarracho, todo eso para el escritor reconocido son rechazos que le impiden vivir en paz.

Así que el rechazo persigue a escritores publicados y a escritores inéditos. Se sabe o debería saberse que unos y otros conviven en la eternidad en una especie de Club de los Rechazados en cuya secreta sede social se oyen por las noches voces espectrales que arrastran cadenas y dicen: “Ay, mi estimado señor.” Ahí, por ejemplo, puede verse en las noches de luna llena a Gide y Proust, todavía discutiendo sobre la valía real de un manuscrito rechazado.


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Golpe de dados

Les dejamos esta reseña del libro Un golpe de dados (Ceques editores, 2015) de la escritora peruana Victoria Guerrero Peirano a cargo de Carlos M. Sotomayor.

PortadaUnGolpeDadosEscribe CARLOS M. SOTOMAYOR

“Hay que ascender/ por el espiral del dolor/ para entender lo que se pierde/ –o lo que nos quitaron –dice ella”. Afilado verso de uno de los poemas que conforman el libro Ya nadie incendia el mundo. El primer poemario que leí deVictoria Guerrero, y a través del cual quedé atrapado dentro de su universo poético. Ese tono confrontacional, de inconformidad con el entorno inmediato y con la sociedad compaginó muy bien con mi propia sensibilidad. Así, estuve pendiente de sus siguientes entregas –y a la espera de poder encontrar su trabajo anterior–. Berlín y Cuadernos de quimioterapia me confirmaría, pues, su madurez poética.

Guerrero ahora nos sorprende gratamente con Un golpe de dados (novelita sentimental pequeño-burguesa), publicada por la editorial cusqueña Ceques. Una novela de poeta en el sentido del aliento lírico que ostenta y que se sostiene durante todo el libro, además de las poderosas imágenes, por momentos oníricas, que presenta. No hay una trama convencional, es verdad, y sin embargo la autora consigue mantener nuestra atención de principio a fin. Una noche, antes de dormir, tomé el libro con la intención de leer algunas páginas y no pude abandonar hasta terminarlo, en una lectura intensa y, por momentos, movilizadora.

Nadja es la joven narradora-protagonista, la que anota en las primeras páginas que “la escritura es un oasis, un espacio robado al tiempo”. También manifiesta su hartazgo por las historias “gélidas y limpias”. Y la suya, la que se despliega a través de las páginas del libro, es precisamente lo contrario: una historia oscura, difícil. Una travesía por las pantanosas aguas de la psiquis. El abuelo muerto, la abuela delirante, la madre opresiva, el padre, la hermana. Personajes a los que se suman una perra, un gato y un pollo que interaccionan con ella. Y, por supuesto, la relación sentimental con H, un joven entregado a las causas revolucionarias y que por momentos le reprocha su pasividad burguesa. Y como telón de fondo la dictadura fujimorista de los años noventa. Hay, también, una referencia, a través de un personaje, al poeta Josemári Recalde.

Al inicio de la novela, Nadja cuenta que aprendió a callar, a tragarse sus palabras. Pero ese silencio se desvaneció cuando ella decide hablar. Y lo dice al final. Y uno advierte que las palabras escritas en las páginas que hemos leído, es su voz, su grito destemplado de liberación. Y ese grito aun resuena en mí, días después de su lectura.