JARDÍN DE LIBROS

LIteratura Peruana y Mundial

El Virus “Z” (Sobre “Cuatro páginas en blanco” de Lucho Zúñiga)

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Cuatro-páginas-en-blancoPor David Roas

Allá en su refugio del No-Tiempo, los miembros de la oscura hermandad del Círculo Blum sin duda estarán orgullos de estas Cuatro páginas en blanco que han irrumpido para trastornar un poco más la ya de por sí delirante vida limeña. De ese No-Tiempo (para los despistados: el espacio sin tiempo –valga la paradoja- reservado a aquellos que siempre nos harán gozar de sus ficciones) procede también el genial Federico Alzubide, uno de los dos autores de estas Cuatro páginas en blanco, junto al que todavía habita en este lado de lo Real y cuyo nombre figura en la portada. Juntos forman una pareja que hará historia (literaria): el Doctor Alzubide y mister Zúñiga.

Y digo que los miembros del Círculo Blum estarán orgullosos de este libro porque es soberbio, múltiple y exigente. Intentaré demostrar por qué.

Cuatro páginas en blanco está orquestado mediante cuatro partes perfectamente integradas, cada una de las cuales (un rasgo constante en míster Zúñiga) implica un nuevo plano de ficción, todos ellos interconectados en una red intertextual perfectamente tramada.

La primera parte la componen esas “Cuatro páginas en blanco” que dan título al libro. Cuatro páginas vacías de palabras, donde la pareja Alzubide-Zúñiga destruye el concepto habitual de literatura. Si John Cage trató de subvertir los límites de la música con su composición 4’33’’, una obra en cuatro movimientos que no contiene nota alguna (sólo un silencio que dura lo que su título indica), por su parte, la pareja Alzubide-Zúñiga deconstruye lo que habitualmente se entiende por texto literario: la literatura está hecha de palabras y aquí no aparece ninguna, ¿qué hacemos entonces con ese texto que no se puede leer? Roland Barthes lloraría de emoción ante esta obra que nos ofrece el todo y la nada a la vez porque el lector es el único y definitivo autor: él es quien debe rellenar el vacío que se extiende a lo largo de esas cuatro blancas páginas.

La segunda parte del libro la compone el “Dossier Federico Alzubide”, en el que se nos revelan los orígenes, la historia de las “Cuatro páginas en blanco”. Un magistral fake en el que el Doctor Zúñiga emula al maestro Orson Welles, quien, como se recordará, en su F for fake narraba la falsa historia del pintor Elmyr d’Hory, a su vez, un genial falsificador. Un falso documental, un “fraude” que es, en verdad, una magnífica reflexión sobre uno de los temas preferidos de Welles: la dualidad entre lo real y lo ficticio en la representación artística. Un asunto que también obsesiona profundamente a Mister Zúñiga.

En ese mismo dossier se abre paso la voz del sobrino de Alzubide, quien, a su vez, introduciendo un nuevo plano de ficción –un nuevo universo dentro del complejo multiverso creado por Mister Zúñiga-, nos explica el origen de las siguientes secciones del libro. Titulada significativamente “Clarividencias”, la 3ª sección la compone una larga serie de narraciones inéditas (microrrelatos y algún que otro cuento de dimensión más estándar) que Alzubide pidió que se publicaran una vez él hubiera muerto. La 4ª y última sección del libro, titulada con el sintagma “Cuarto deseo”, el mismo que parece escrito en un sobre cerrado que debía abrirse una vez que Alzubide hubiera muerto, contiene únicamente el microtexto “Un mensaje desde el no tiempo”, una invitación que el autor dirige a los lectores para que se sumerjan –con él- en los abismos de la ficción.

La serie de narraciones titulada “Clarividencias” es la más extensa del libro y la que mejor revela la maestría de la pareja Alzubide-Zúñiga en la composición de narraciones. En esos textos, en su mayoría hiperbreves, se revelan muchas claves que, a la vez que reflejan las recurrentes obsesiones literarias y filosóficas del Doctor Alzubide y sus sosias Míster Zúñiga, también resultan muy útiles para comprender el sentido del libro, de este artefacto articulado en 4 niveles de ficción hábilmente interrelacionados.

Comentaré algunas de esas claves, lo que me permitirá seguir demostrando la multiplicidad, la exigencia y la calidad de este libro fascinante.

Ya en el primer microrrelato, “Lo que acaba de empezar” (cuyo título metaliterario sirve como inicio del diálogo con ese activo lector que el libro exige), se nos muestra una de las claves esenciales del universo Alzubide-Zúñiga: la literatura entendida como azar y juego. Una idea muy borgesiana (ya sabemos que la mano de Dios es muy larga). Vamos a encontrar en el libro un buen número de microrrelatos que hablan de la propia literatura, del acto de escribir, de la “función” de la literatura, con protagonistas que son en muchas ocasiones escritores… Un continuo juego con la metaliteratura y la metaficción que en algunos textos concluye mostrando cómo la literatura se adueña de la vida de los protagonistas, cómo la Literatura acaba “tomando” paginasblanco(en el sentido cortazariano) la Realidad.

Todo ello también explica la abundancia de textos fantásticos, de textos que ponen a prueba nuestras convicciones sobre la realidad. El lector tiene una excelente muestra en “El muro”, que merece ser incluido en cualquier antología dedicada a lo fantástico. O “La visita”, digno de formar parte del magistral e inquietante Ajuar funerario de Fernando Iwasaki.

En otros casos, esa voluntad de subvertir nuestra idea de lo real, lleva al Doctor Alzubide y a Mister Zúñiga a adentrarse en los caminos del humor grotesco, de lo absurdo más delirante. O incluso en la ciencia ficción, como ocurre en la excelente fábula distópica “El Despertador Único”, que respira la misma voluntad subversiva e irónica de las fábulas político-grotescas del polaco Mrozek, uno de los grandes maestros de la brevedad.

Otro rasgo de la exigencia de estos relatos está –ahondando en ese juego intertextual que antes mencionaba- en la enorme profusión de escritores y artistas que recorren las páginas de este libro: Borges, Kafka, Cervantes y El Quijote, Cortázar, Joyce, Pound, Maddox Ford, Sylvia Plath, Monterroso (de quien se reelabora el inevitable dinosaurio, un texto que en los últimos años algunos supuestos especialistas en el microrrelato se han dedicado a denigrar… quizá porque saben que son incapaces de escribirlo, de condensar en esas 7 palabras tantas historias como hace el maestro Monterroso)… También aparecen algunos genios del cine como Hitchcock y Chaplin. A lo que hay que añadir los diversos juegos con algunos libros míticos que siempre es muy productivo saquear (literariamente), como laOdisea, la Biblia (Zúñiga, en una de sus historias, convierte a Caín y Abel en escritores de microcuentos), la Divina Comedia, o Las Mil y Una Noches

Como decía, constantes juegos metaliterarios e intertextuales que exigen un lector tan vicioso de la cultura como la pareja Zúñiga-Alzubide, un receptor que no sólo identifique sino que disfrute del diálogo con esas referencias culturales a través del homenaje, la cita, la perversión, la parodia. Un lector, en resumen, al que le guste el juego de la literatura.

Por último, no puedo dejar de revelar aquí que Lucho Zúñiga (ahora dejo a Alzubide reposando tranquilo en su no-tiempo) sufre una enfermedad, la misma que padece el protagonista de “Truman”, uno de los cuentos largos del libro: es “un vicioso de la imaginación”. Una enfermedad que, tengo que advertirlo, es muy contagiosa. Tengan cuidado aquellos que abran este libro. Creo que sería adecuado que sus editores pusieran una advertencia en su portada: “LEERLO PRODUCE FICCIONES”.

Lucho Zúñiga

Cuatro páginas en blanco

Lima, Paracaídas Editores, 2011

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Autor: jardindelibros

Empresa de desarrollo audiovisual

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