JARDÍN DE LIBROS

LIteratura Peruana y Mundial

“La esfera de lo político ha tiranizado toda la vida de El Salvador”

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En la nueva novela del escritor Horacio Castellanos Moya, “La sirvienta y el luchador”, lo familiar se entrecruza con la política centroamericana…

Horacio Castellanos Moya dice en uno de sus cuentos, publicado en Con la congoja de la pasada tormenta, que “si la adrenalina se pudiera vender en cubitos, esta país podría exportar a montones, saturar un mercado como el nórdico, sacarle más provecho al terror”. Este país es El Salvador en guerra, entre los años 1981 y 1992. Y la adrenalina no es sólo un olor o una tenaza en la garganta: es el miedo en el aire, corrompiendo el cuerpo. El escritor, que nació en Honduras, pero creció en El Salvador, regresa con su última novela, La sirvienta y el luchador (Tusquets), en la que entreteje las historias de varios personajes y retoma la idea de la parte por el todo: una mujer que trabaja limpiando casas y presencia el secuestro de una pareja joven, un torturador que, aún muriéndose por lo que parece ser una úlcera, no termina de morir ni de hacer el mal. La hija y el nieto de la sirvienta: uno a cada lado de la trinchera. Autor de El asco (1997), un monólogo demoledor sobre El Salvador. Libro por el que fue amenazado y se exilió en distintos países, donde dio clases, ejerció el periodismo y escribió otras novelas, como Desmoronamiento e Insensatez. Desde entonces, volvió poco y nada a El Salvador. Desde su casa en Ciudad de México responde por mail las preguntas.

¿Cómo escribió la novela?, ¿Cómo se narra el miedo? La escribí en dos tirones. Al principio casi a ciegas, siguiendo al Vikingo, sin saber si lo que escribía sería un relato o una novela. Cuando iba a terminar la segunda parte, la de la sirvienta, percibí la trama en su totalidad. Entonces vino el segundo tirón. Para narrar el miedo, no tengo una fórmula. Traté de meterme en la piel de los personajes y ver el mundo desde su punto de vista.

Parafraseando a Vargas Llosa, ¿cuándo cree que “se jodió” El Salvador? ¿Hay algún otro territorio posible para sus novelas? El Salvador siempre estuvo jodido. En estas últimas dos décadas, ha hecho esfuerzos por “des-joderse”, pero la situación sigue siendo muy precaria. Ciertamente El Salvador ha sido el núcleo territorial de mis novelas, aunque se expandan hacia el centro de México, por el norte, y hacia Costa Rica, hacia el sur. Ocurren en lo que algunos antropólogos llaman Mesoamérica. No sé si saldré de ese territorio. Hasta ahora me he movido a mis anchas ahí.

¿Por qué en “La sirvienta y el luchador” la tragedia aparece tan encarnada entre el bien y el mal? La novela sucede en un momento de extrema polarización social y política. A las condiciones extremas de afuera, corresponden estados extremos internos, emociones y pensamientos extremos dentro del ser humano. Pero los personajes tienen sus gradaciones.

¿Cómo se lee hoy en El Salvador “El asco”? ¿Es la violencia un tema presente en la literatura salvadoreña? El asco se lee igual: con apasionamiento. Tiene fieles y detractores; se la admira o se la odia. Toca fibras sensibles de la llamada nacionalidad. Y muchos, me temo, no la leen como una obra de ficción, sino como un libelo. Con respecto a la violencia, me parece que ya no es tema para las nuevas generaciones. Hay otras búsquedas.

¿Por qué y cómo una saga familiar le sirve para dar cuenta de la historia política en El Salvador? Los personajes, ¿son arquetipos? Estas novelas sobre la familia Aragón surgieron de forma intuitiva, caprichosa, y así han ido creciendo. Prefiero referirme a ellas como “un grupo” de novelas y no como una saga. Esta última ya no se centra en la familia Aragón sino en la de su sirvienta, María Elena. Los salvadoreños estamos enfermos de política, la esfera de lo político ha tiranizado toda la vida nacional en detrimento de las demás esferas humanas. No es gratuito que muchos de los personajes estén infectados de coyuntura política. Y sí, los personajes son arquetípicos; los únicos que tienen carnadura son los dos chicos “desaparecidos” por el escuadrón de la muerte de la Policía.

El final de “La sirvienta …”, ¿es abierto? El eje central se cierra, y algunos ejes secundarios quedan abiertos. Puede que alguno de los personajes secundarios toque la puerta para entrar a hacer su numerito.

Por Nora Viater

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Autor: jardindelibros

Empresa de desarrollo audiovisual

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