JARDÍN DE LIBROS

LIteratura Peruana y Mundial

Historia de un hombre soltero

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CON “LA DESPEDIDA”, EL ESCRITOR ARGENTINO MARCELO BIRMAJER, LLEGA POR PRIMERA VEZ A LA FERIA DEL LIBRO LIMEÑA. EL POPULAR AUTOR DE “HISTORIAS DE HOMBRES CASADOS” NOS OFRECE UNA HISTORIA SOBRE LA SOLEDAD, LA AMISTAD Y EL HUMOR NEURÓTICO…

Breidel es un hombre sin atributos. Un perdedor que escribe historias para programar videojuegos. Un judío atormentado, que divulga entre las mujeres su impotencia para evitar cualquier intento de seducción. Que sabe que el deseo sexual lo vuelve esclavo de las mujeres y, por dignidad, las evita. Pero, sobre todo, un hombre intrigado por saber cuál es la razón de que un amigo recientemente fallecido lo haya mirado con desprecio la última vez que estuvieron juntos.

Breidel es el complejo protagonista de “La despedida”, novela que trae al celebrado escritor y guionista argentino a la Feria Internacional del Libro de Lima. Una novela de personaje, extraña en el repertorio de historias de un autor que apuesta siempre por la aventura y la acción. Un escritor que gusta sorprender y emocionar al lector. “No puedo bajo ningún concepto pensarme como un autor de una subjetividad sofisticada”, confiesa Birmajer. “Sin embargo –añade–, aunque este personaje es anodino y desganado, tiene claro que no se puede matar. Y su obligación de vivir produce aventuras con emoción y suspenso. Sabe que tiene que sobrevivir, y la sobrevivencia es ya una odisea”, explica.

Y agrega: “El personaje de Breidel me parece mi descripción más acabada de lo que es un hombre: una criatura sin propósito, sin fortaleza, sin destino. Una cosa viscosa que va por la vida tratando de no morir”.

¿Cuál fue el disparador para escribir una novela como “La despedida”?
Cuando terminé mi novela “Los tres mosqueteros”, en el 2001, me quedaba pendiente el tema de la amistad para desarrollarlo más profundamente. Se me había ocurrido la historia de dos amigos que, a la hora de encontrarse, uno no reconozca al otro. Y de allí se me ocurrió que el protagonista intente averiguar por qué su amigo, ya fallecido, lo miraba con desprecio en el último encuentro entre ambos.

Muchos han hablado de la influencia de Woody Allen para hablar de tu libro, marcado claramente por el humor judío. ¿Qué caracteriza a este tipo de humor?
La capacidad de reírse de uno mismo y el rechazo a burlarte del otro. Es un humor sobre las propias debilidades. La burla sobre el heroísmo y la puesta en relieve de todas aquellas concesiones que hacemos por ser criaturas débiles y falibles. El judío es un humor del desconcierto.

¿La culpa, que marca profundamente el carácter de tu personaje, es también una característica de la cultura judía?
Los católicos aprendieron la culpa de los judíos. La culpa es no saber por qué estás en el mundo, por qué tienes derecho a vivir, por qué estás vivo. Es una pregunta original que después la civilizamos por medio de la culpa.

Se te conoce como un contador de historias nato. Curiosamente, en el gremio literario, más cercano al trabajo estílístico del lenguaje, se desconfía de quienes buscan contar buenas historias. ¿Qué te parece esta división?
Me parece deleznable, perniciosa e improductiva. Se ha generado un sistema por el cual el que no sabe contar un chiste cuenta chistes malos como un gesto de vanguardia. El que no sabe contar bien una historia se transforma en un maestro del estilo. ¡La oscuridad ha pasado a ser un mérito! Creo que la literatura es todo lo contrario: es hacer reír y llorar, además de ser juzgado por el lector. El hecho de no narrar es un acto de cobardía, una falta de compromiso.

Hoy, quien sigue los consejos de Aristóteles es considerado un reaccionario…
Te acusan de reaccionario sobre todo. En definitiva, aceptar que un cuento comienza y termina es aceptar la muerte, es aceptar que somos mortales. Un texto que no termina es infinito o –como decía Foucault–: “Hay tantos textos como lectores”. ¡Eso es mentira! Decir que todo es interpretable es una cobardía. Detrás de ello está el interés de no ser juzgado por el lector. Es impedir a la gente que diga si mi libro es bueno o malo.

Por Enrique Planas

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Autor: jardindelibros

Empresa de desarrollo audiovisual

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